Somos un regalo, somos Madre Tierra. Somos nuestro propio uterohogar.
Enlace de cielo y tierra. Guardianas de lo sagrado.
Amantes de los sonidos del silencio.
Todas las mujeres tienen el derecho de despojarse de los roles o
encasillamientos impuestos, y si han quedado heridas sobre su naturaleza
instintiva, reconocerlas para ejercer nuestra propia sanadora interior.
Las heridas del alma se nos sanan con la ciencia de la paz y autocolaborando con el sentido de nuestro ser.
Descansa la anciana cantando la próxima creación.
Jan-nikeu
Una caricia de plumas húmedas
-
Un verso de espuma
-que no sabe si es nube o es saliva-
enrolló su sombra líquida
sobre la pradera que fue tu cuerpo
(pero la pradera era...
Hace 12 horas
