Somos un regalo, somos Madre Tierra. Somos nuestro propio uterohogar.
Enlace de cielo y tierra. Guardianas de lo sagrado.
Amantes de los sonidos del silencio.
Todas las mujeres tienen el derecho de despojarse de los roles o
encasillamientos impuestos, y si han quedado heridas sobre su naturaleza
instintiva, reconocerlas para ejercer nuestra propia sanadora interior.
Las heridas del alma se nos sanan con la ciencia de la paz y autocolaborando con el sentido de nuestro ser.
Descansa la anciana cantando la próxima creación.
Jan-nikeu
Esa esquina que no tiene nombre de calle
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Y de repente
estaba allí.
No llegó caminando, no llamó a la puerta.
Apareció
como una grieta en el suelo que no viste venir,
carátula ro...
Hace 12 horas
