Somos un regalo, somos Madre Tierra. Somos nuestro propio uterohogar.
Enlace de cielo y tierra. Guardianas de lo sagrado.
Amantes de los sonidos del silencio.
Todas las mujeres tienen el derecho de despojarse de los roles o
encasillamientos impuestos, y si han quedado heridas sobre su naturaleza
instintiva, reconocerlas para ejercer nuestra propia sanadora interior.
Las heridas del alma se nos sanan con la ciencia de la paz y autocolaborando con el sentido de nuestro ser.
Descansa la anciana cantando la próxima creación.
Jan-nikeu
Seducir la palabra
-
Es una gracia rara,
un hechizo leve,
seducir a la palabra
hasta que ella, dócil,
se quiebre en luz,
y de su anomalía
brote un latido
que no e...
Hace 1 día
