Somos un regalo, somos Madre Tierra. Somos nuestro propio uterohogar.
Enlace de cielo y tierra. Guardianas de lo sagrado.
Amantes de los sonidos del silencio.
Todas las mujeres tienen el derecho de despojarse de los roles o
encasillamientos impuestos, y si han quedado heridas sobre su naturaleza
instintiva, reconocerlas para ejercer nuestra propia sanadora interior.
Las heridas del alma se nos sanan con la ciencia de la paz y autocolaborando con el sentido de nuestro ser.
Descansa la anciana cantando la próxima creación.
Jan-nikeu
Cuando tu nombre es la ausencia
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Qué larga se hace la noche,
qué inmensa su piel oscura,
cuando tu nombre es la ausencia
que viste mi desventura.
Nace un lúgubre manjar,...
Hace 7 horas
