
- Soy TÚ.
-Puesto que eres YO, pasa entonces,
porque no hay lugar para dos YO
Antiguo Poema Sufí
Creo que el momento de mi transformación está llegando.
Según Jung al promediar la vida, asoma la parte reprimida en la sombra.
Estoy promediando la vida.
Les dejo este hermoso párrafo del escritor Anselm Grün.
La transformación es para el hombre una necesidad vital.
Atarse al pasado petrifica la vida.
Es un principio de vida:
“Toda juventud, alguna vez, queda envejecida; toda hermosura se marchita; lo caliente se enfría; todo esplendor se apaga y cada verdad se hace trivial y chata.
Todas estas cosas han alcanzado una vez su forma, y todas las formas quedan expuestas a la influencia del tiempo: envejecen, enferman, se quebrantan si no se transforman.
Pueden transformarse pues la chispa invisible que una vez las engendró tiene una fuerza eterna capaz de engendrar indefinidamente…
Una verdad es valedera por mucho tiempo, solo cuando se transforma y prosigue dando testimonio en nuevas imágenes y en nuevas lenguas como un vino nuevo guardado en odres viejos.”
Silvia
Látigo solo






Partiendo la crin del caballo salvaje a ambos lados
Hoy es mi cumple 62 y que mejor que festejarlo con todos mis amigos.Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la
convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
José Saramago
Premio Nóbel Literatura 1998.

CONFIESO QUE HE VIVIDO……
Y esto no es un plagio al título del libro de Neruda.
Es simplemente la verdad.
Exactamente en un mes estaré cumpliendo 62 años.
Desde muy joven la búsqueda de la libertad se transformó para mí en algo casi obsesivo.
Tantas veces, tanto tiempo, me he sentido como un preso arrastrando mis tobillos encadenados, como un pájaro en una jaula, como un perro con la cadena, como la mariposa en la red.
LIBERTAD, LIBERTAD, DONDE ESTAS????
Hoy, AQUÍ / AHORA, siento que junto con la madurez, esa libertad está llegando, la estoy viendo, la estoy sintiendo, de a poquito, pero está ……. Ya les iré contando…
Leyendo un libro me encontré con estos versos del Poeta Mexicano Octavio Paz, me sentí tan identificada que quiero compartirlo con ustedes.
Con gran dificultad y avanzando de un milímetro por año, tallo un camino en la piedra.
Durante milenios he gastado mis dientes y roto mis uñas para llegar allí, al otro lado, a la luz y el aire libre
Y ahora que mis manos sangran y mis dientes tiemblan, inseguro en una cueva, doblegado por la sed y el polvo, me detengo a contemplar mi obra.
He pasado la segunda parte de mi vida, quebrando las piedras, taladrando los muros, derribando las puertas, quitando los obstáculos que coloqué entre la LUZ Y YO, en la primera parte de mi vida.
Gracias
Silvia
A veces siento que nunca termino de volver.
Volver a mi casa…. a mi morada, a la manada de la que habla Clarissa Pinkola Estés.
Dice mi amiga Marga: Partir es duro, cuando se deja atrás todo lo que llevamos en nuestro corazón, pero al llevarlo con nosotros, permanece para siempre... como si nunca nos hubiéramos ido.
Será que no lo llevaba conmigo? O que no termino de verlo?
He sido una nómade toda mi vida, sin muchos ejemplos a seguir, o solo el del sacrificio, el de que otros decidan por mi , sin rebelión, sin guías, sin pedir, sin hacerle saber al otro qué estaba necesitando, solo instinto, cortos períodos de compartir familia, afectos.
Yendo y viniendo.
Mitad de la infancia en un lugar, sin juegos, sin muñecas, sin abrazos
Adolescencia en otro, sin amigos, ni bailes, ni fiesta de quince, ni colegio, ni universidad.
Juventud en otro, sin novios, sin regalos, sin piropos, trabajando para sustentarme, atraída por la idea de que lo mejor era estar muerta.
Adultez en otro, viendo algunas luces, empezando a encontrar el camino de mi crecimiento interior que creo es lo que siempre más me importó, terapias, lecturas, talleres, meditación, yoga, taí chi, tratando de enraizarme definitivamente en un lugar externa e internamente.
Y la madurez….
Silvia

Su pelo renegrido, lacio, muy corto y con flequillo enmarcaban su carita redonda de ojos negros como uvas , dándole un cierto aire de varón.
Le gustaban los lugares con forma de cueva, le gustaba contemplar la naturaleza, sentarse en la parte de atrás de la casa y observar la rapidez con que el sol se perdía tras el horizonte.
Se quedaba mucho tiempo allí, soñando, soñando quizás con otros lugares, con otra vida, a veces solía tener alguna revista entre sus manos donde miraba a las artistas y deseaba ser linda y famosa como ellas.
También disfrutaba tirarse panza abajo en el lote de alfalfa mordisqueando el cabito de las flores para sentirle el sabor, mientras viajaba, vaya a saber porque lugares desde su mundo de ocho años.
O caminar descalza por los charcos de agua que quedaban después de la lluvia, jugando con sus hermanos y oteando el cielo para ver aparecer el arco iris en todo su esplendor, mientras el olor de las tortas fritas lo inundaba todo.
Le gustaba levantarse temprano y acompañar a su mamá cuando iba a ordeñar y poder tomar el primer vaso de leche espumoso y calentito.
En esos momentos se sentía segura y perdía los miedos.
Miedo a las sombras, a los truenos, a los relámpagos, a los animales muertos, a los perros, miedo, miedo, miedo.
El mismo miedo que sintió aquella fría mañana, tan lejana, tan viva cuando decidió? decidieron? que se fuera a vivir con la “patrona” a la gran ciudad, enorme casa, gentes desconocida, maestra particular.
Esa era la “otra vida”?
O la vida era aquella que contenía la imagen que durante años la acompañó, la llenó de dolor, la paralizó.
La imagen de verse a si misma de rodillas en la parte de atrás del auto, sus ojitos negros llenos de lágrimas, mirando por la luneta como rápidamente se iban desdibujando y desaparecían, su casa, sus hermanos, su papá, su mamá, su vida.
Silvia
Por unos días iré a meter mis huesitos en las aguas termales de Federación – Entre Ríos –Argentina.
Y mi cabeza en las aguas de la meditación y la paz.
Los voy a extrañar, pero quiero contarles que a mi vuelta voy a tratar de hacer algunos cambios en mi espacio.
Mi amiga Alimontero me sugería el otro día porque no posteaba algo desde mí.
Con respecto a eso quiero aclarar que:
Cuando comenzé mi blog allá por Marzo del 2008, escribía desde mí, pero dejé de hacerlo por varias razones:
Me cuesta mucho no ser referencial.
A causa de eso tuve problemas con el que era mi pareja en ese momento.
Contestaba todos los comentarios pero llegó un momento que no me daban los tiempos, quizás porque trabajaba aún en relación de dependencia.
Y algo que me hizo sentir muy mal, varios amigos a quienes tenía un gran cariño y aprendía tanto de ellos cada vez que publicaban sus reflexiones, dejaron de publicar o de estar en la red: María Durga, Sendieva, Thot , Victor Montufar, Angelito, etc, etc, no quiero olvidarme de tantos que ya no están más.
A partir de ahí, todo lo publicado por mí lleva el nombre del autor, pero responde exactamente a lo que yo pienso, a lo que siento, haciéndolo así porque me da la sensación que de la otra manera, los blogeros se cansan ó llega un momento que no saben que publicar.
O no, no lo sé, es por eso que voy a intentar volver a mi estilo de antes, para ver que pasa.
Lo peor que pueda ocurrir es que me pase lo mismo, solo que no tengo ni la menor idea de dejar mi blog, solo será volver a lo que estoy ahora.
Un abrazo desde el amor para todos, nos vemos a la vuelta. Y GRACIAS!!!!
Silvia
La codicia es patética porque siempre la acosa y la agota la posibilidad futura;

Siempre estamos viajando de las tinieblas a la luz.
Ser mujer es un acto iniciático, un itinerario, no es suficiente acumular años para, a una determinada edad, considerarse mayor.
Gracias por abrirme tu corazón querida Conchi!!!

