6 ago. 2008

LA INTUICION


Todo está inscrito en nuestros seres, en nuestro espíritu, es decir, en la semilla espiritual que somos, esta realidad existe dentro de nosotros y lo que es eterno en mí no es mi cuerpo, es el ser, y el destino eterno esta inscrito en el ser eterno....

Si hay silencio adentro habrá la capacidad de percibir, si hay muchos deseos, mucho miedo, mucha angustia, ya no hay lugar para percibir. Para esto también tengo que aprender a retraerme de la realidad física.

Es muy importante entender en donde enfoco mi atención, es fundamental que esté muy atento, porque si me dejo atraer por el efecto de una persona o una situación que me es desagradable, voy a sentir y pensar cosas negativas y mi mente siendo ocupada en ello.


Mi objetivo de desarrollar la intuición y percibir la realidad sutil estará muy lejos.

Algunas personas asocian la intuición con la definición del sexto sentido, como la capacidad para presentir algún acontecimiento o la posibilidad de adivinar algún suceso.

La capacidad de intuir, de ser intuitivo, es una capacidad que todas las personas tenemos, aunque, en general, existe en nosotros como un potencial, es decir, podemos desarrollarla y ejercitarla.

La intuición no es racional. De hecho para nosotros, seres humanos, es una interrogante, ¿Cómo la entiendo, cómo la puedo desarrollar, de dónde viene, tiene alguna utilidad...?

Nosotros intuimos cosas que van a suceder, cosas acerca de otras personas o sobre nosotros mismos e incluso sobre el futuro.

El destino es un concepto espiritual que existe en casi todas las religiones o espiritualidades y se define como algo que ya existe, que está predeterminado, como el plan perfecto de Dios, El que no se equivoca.

La intuición es también la capacidad de conectarnos con el destino, el cual está en un proceso de constante movimiento. Se acostumbra hablar del ciclo del destino como una forma metafórica de referirse a él.
El destino es una realidad que existe, en la cual está escrito lo que ha sucedido, lo que sucederá y lo que actualmente acontece, desde lo que nos parece más pequeño, hasta lo más grande y trascendental.

De esta forma el destino es parte de la realidad, aunque no es algo a lo que puedo tener acceso vía Internet o llamando a un número telefónico. Es una realidad con la que me puedo sintonizar porque existe y ésta certeza hace más fácil la conexión que tratar de hacerlo pensando que es algo que puede ser, que tal vez existe o que sólo algunos pueden percibirla.