8 oct. 2010

CANTANDO SOBRE LOS HUESOS ROTOS


Tanto los animales como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.

En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva.

Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes.

Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se le ha relegado al territorio más yermo de la psique.

A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje ha sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.

No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje.

No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia.

No es ningún misterio.

Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida.

Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligross y voraces.


Mujeres que corren con los lobos - Clarissa P. Estés