20 oct. 2009

TU, QUE PODER TIENES??

El poder exterior se halla en el dominio y en el control sobre el mundo físico.
Es el poder de la guerra y del poderío militar, el poder de las leyes y la organizaciones, el poder de los negocios y de los juegos de la Bolsa.
Es el poder de controlar a todo cuanto es externo a uno mismo.
El ser no espiritual se consagra a este poder exterior.

El ser espiritual, en cambio, se consagra a elevarse él y elevar a los demás, a niveles cada vez más altos de conciencia y realización.
El uso de la fuerza sobre otro no entra dentro de lo posible para este ser espiritual.
No está interesado en acumular poder, sino en ayudar a otros a vivir en armonía y a esperimentar la realidad mágica.
Se trata de un poder del amor, de un poder que no juzga.
No hay en este poder, hostilidad, ni ira.
El fin está en capacitarse realmente para saber que se puede vivir en el mundo con otros que tengan diferentes puntos de vista y no tener necesidad de controlarlos o vencerlos para hacer de ellos sus víctimas.

Adquirir poder es el gozo interior de saber que la fuerza exterior no es necesaria para estar en armonía con uno mismo.

El auténtico poder consiste en rendirse a aquello que hay de amoroso, armonioso y bueno en nosotros y no permitir la presencia de enemigos en nuestra conciencia.
Se trata de una concordancia con el alma, una concordancia que es nuestra razón misma para estar aquí.
Cuando llegues a la etapa de dar, estarás en concordancia con tú propósito y te hallarás en el punto desde el que puedas hacer milagros.
No pedirás nada de los demás, no porque seas orgulloso ni omnipotente, sino porque serás UNA LUZ para ti mismo.
Así se comporta el ser espiritual y sólo cuando renuncies a la necesidad de poder exterior y te pongas del lado de tu propósito anímico, estarás preparado para la realidad mágica.
Existe un algo oscuro, y completo
Antes que alzaran el cielo y la Tierra;
Tranquilo, quieto,
De pie solo e inmutable,
Moviéndose en torno sin peligro.
Podría ser la madre de todo.
Yo desconozco su nombre,
Y lo llamo Tao
Wayne W Dyer