24 jul. 2011

AMARLO TODO..


Entre las innumerables herramientas que he usado y sigo usando en el camino del autoconocimiento, se encuentra la astrología.

Por supuesto esto no significa que me conozca, pero ayuda.

Hoy a mis 62 años, ante la realidad de nunca haber podido formar una pareja duradera pienso cuanto hay de mí en esto que les dejo.



Signo Tauro, ascendente Tauro, pura tierra, casi todos mis planetas en casa doce, uno de esos planetas es VENUS

CASA 12: es un sitio en el Mandala astrológico de la vida. Es un estado. Un estado en donde la mente pierde el control sobre la realidad del alma. Una zona que está más allá de las fronteras de la comprensión intelectual.

Es el sitio del no-sitio. Es aquí y cualquier lado, dependiendo de la posición que ocupe el observador. Y es el observador y lo observado. La observación misma. El acto de observar.

En Casa 12 se disuelve la forma. Lo imposible se torna posible. Lo conciente se vuelve inconciente.

Es la casa de lo impersonal. La del Inconciente Colectivo. El agujero negro por donde se fuga la conciencia inferior para reunirse con la Conciencia Superior.

VENUS: Venus en la casa doce está ávida de un tipo de belleza indefinible e inconmensurable, de algo que ofrece una realización total, o quizá la remembranza de éxtasis remotos.

En su intento de saciar esta sed buscando esa forma de amor y de belleza con otra persona, quienes tienen a Venus en la Casa Doce sueñan con entregarse a su amante como se entregaría uno a un dios o una diosa.

Aparte de que es ésta una exigencia excesiva para planteársela a quien sea, muy profundamente dentro de sí llevan algo que les sigue diciendo que con adorar únicamente a una persona no basta. Con Venus en la casa Doce, se necesita un amor que no sepa de límites.