10 oct. 2008

MI NIÑO INTERIOR


Es muy importante sacar afuera los traumas del niño que llevamos dentro.
Es un trabajo duro pero necesario.
Es lo único que realmente nos limpia.
Las proyecciones nos traen una sombra que solamente sacándola hacia fuera, podemos encontrar la luz.

Todos los que estamos en un camino espiritual encontraremos que siempre las situaciones más dolorosas nos va a tocar en la llaga.
Los maltratos de la niñez dañan nuestra interioridad y desde la misma concepción si no fue realizada con amor, si no existió el deseo de traernos a este mundo, ya entramos en la vida con una carencia, con una herida.
Las heridas más importantes de nuestras vidas se producen desde la concepción hasta los cuatro ó cinco años, donde ya empezamos a entender.
Cuando no fuimos abrazados, acariciados, besados desde niños, nuestra memoria táctil lo recuerda y ya adultos somos reacios a abrazar, a besar, a ser abrazados ó besados.
Si estando en el vientre materno ó siendo muy chicos escuchamos gritos, insultos, desvalorizaciones, de grandes, nuestra memoria auditiva lo recordará y seremos seres agresivos, tristes y con una estima baja.
Si vimos golpes ó fuimos golpeados ó violados nuestra memoria visual lo llevará por siempre grabado en sus pupilas y en muchos casos de adultos intentamos repetir estas historias.
Por supuesto, no hay que generalizar, no todos sentirán que esto es así, pero para poder evaluarlo debemos ser honestos con nosotros mismos y aprender a mirarnos para adentro.
La herida del abandono la llevamos todos porque siempre deseamos un amor pleno que nos colme, pero no existe ser humano capaz de dar el cien por ciento para completar esa carencia, por eso Dios pone a Jesús a nuestro lado y nos dice “ No vamos a hablar de heridas, decimos, el Señor vino a sanarlas”.


Mi niño interior, con la ayuda del Señor aquí estoy, para sanar tus heridas, para cuidarte, para amarte por siempre. Te amo.