12 dic. 2008

CAMBIO YO, CAMBIA EL MUNDO


Esa mañana cuando salió de su casa, su hijo le había pedido que jugara un ratito con él. Como siempre, él tenía que ir a la empresa, tenía que atender a los vendedores, tenía que reunirse con otros empresarios, tenía que hacer un sinfín de llamados telefónicos… y no tenía tiempo para jugar con su hijo de seis años que se lo reclamaba desde hacía varios días.
El hombre le prometió que a la vuelta del trabajo jugarían un ratito con el tablero de damas que tenía el niño.
Al volver a las ocho, el niño estaba esperándolo casi como si hubiese estado todo el tiempo, con su tablero en la mano.
- ¿Vamos a jugar papi?- le dijo.
- No hijo… lamentablemente tengo muchas cosas que hacer, no he podido terminar con el trabajo y me lo he traído a casa.
- Pero es que tú me prometiste – dijo el niño.
- Si, yo te lo prometí pero no puedo jugar porque tengo mucho por hacer.
- Pero tú me dijiste… y… entonces me mentiste…
- No mentí hijo, es que de verdad he estado muy ocupado el día de hoy y…
- Juguemos un ratito a las damas por favor, por favor….

Viendo que nada podía hacer para convencer al niño, el padre dijo:
- Dame quince minutos que voy a tratar de acomodar unas cosas y vuelvo. Luego jugaremos a las damas.
- ¡Ufa! – dijo el niño
El padre se fue y a los quince minutos exactos el niño estaba junto a él solicitándole nuevamente, con el tablero en la mano que jugaran un rato.
- Oye, te dije que tenía trabajo para hacer – dijo el padre.
- Si pero tú me prometiste, y me mentiste y yo quiero jugar y…

No sabiendo ya que hacer, el padre vio sobre su mesa de trabajo una revista. En la tapa de la revista había un mapa del mundo, un planisferio.
Arrancó rápidamente la tapa con el mundo y lo cortó con una tijera en una cantidad de formas diversas.
Tomando los pedazos de papel le dijo a su hijo:
- Mira, esto es un rompecabezas del mundo. Tienes que poner cada país en su sitio. Si tú pones cada país en su sitio y armas el mundo adecuadamente, entonces, habrás ganado el juego.
- Tú tienes que armar este rompecabezas, cuando lo tengas bien armado, con cada país en su lugar, entonces, jugaremos a las damas.
- ¡Ufa! – dijo el niño, tomó las piezas y se fue a su cuarto.

El hombre pensaba: no habiendo visto nunca una planisferio, ¿cómo podría armarlo? Tardaría horas. Cuando finalmente lo armara, si es que todavía seguía despierto, entonces jugaría un rato para compensarlo.
Siete minutos exactos después el niño entró en el cuarto. Traía en su mano el mapamundi perfectamente armado con todos los países pegados con cinta adhesiva.
- Vamos a jugar papi

El hombre no tenía excusa y dijo:
- Si claro. Pero antes contéstame una pregunta, porque yo no entiendo, tú nunca viste un mapa del mundo, tú no sabes nada de los paises ni siquiera dónde va cada uno: ¿cómo pudiste armar el mapamundi?

El niño dijo:
- Yo nunca ví un mapamundi, pero cuando tu quitaste la hoja – justo antes de romperla – yo ví que del otro lado de la página había un señor así que yo armé al hombre … y el mundo se armó solo.


Jorge Bucay

En vez de querer armar al mundo, hay que armar al individuo, para que luego el mundo se arme solo – Lao Tzu