17 jun. 2008

LA MEDITACION


La meditación es la práctica del desapego a nuestros pensamientos y emociones.

A través de ella buscamos la experiencia de convertirnos en el observador de esos pensamientos, de esas emociones para descubrir que son relativos: El verdadero “Ser” inmutable es el observador, no lo observado.

Cuando meditamos ponemos a un lado todo aquello que es accidental en nosotros mismos, nos hacemos uno con la quietud, la serenidad y tocamos así a nuestro ser trascendental, nos damos cuenta , aunque sea por instantes, de que somos esa esencia.

La experiencia repetida de esos instantes empieza a irradiar en nuestra vida cotidiana, a lo largo de distintos momentos y adquirimos la capacidad de distinguir lo trascendente de aquello que no lo es.

Su propósito es pacificar y calmar la mente. Si mantenemos una mente apacible, no tendremos preocupaciones ni angustias y disfrutaremos de verdadera felicidad; pero si nuestra mente no está calmada, no conseguiremos sentirnos felices, aunque estemos rodeados de las mejores condiciones. Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo en nuestro interior una paz y una serenidad cada vez mayores y disfrutaremos de una forma de felicidad que se irá volviendo más pura. Finalmente, nos sentiremos dichosos, incluso ante las situaciones más adversas.

Al igual que un globo suelto en el aire se zarandea de un lado a otro al capricho del viento, nuestra mente se tambalea inestable a merced de las circunstancia externas. Si las cosas nos van bien nos sentimos felices, pero si nos van mal de inmediato nos sentimos incómodos.

Si nos adiestramos en la meditación con regularidad, llegará un día en que seremos capaces de erradicar las perturbaciones mentales, que son las causas de todos nuestros problemas y sufrimiento. De este modo llegaremos a disfrutar de la paz interna permanente, conocida como “la liberación” o “el nirvana”.

A partir de entonces, día y noche, vida tras vida, solo experimentaremos paz y felicidad