24 oct. 2008

EL AMOR


El amor es un estado del Ser.
El amor no está afuera: está profundamente dentro de ti. Nunca puedes perderlo y él no puede dejarte. No depende de otro cuerpo, de otra forma externa. En la quietud de su presencia puedes sentir tu propia realidad sin forma y sin tiempo como la vida no manifestada que anima tu forma física. Puedes entonces sentir la misma vida en lo profundo de todos los demás seres humanos y de todas las criaturas.
Miras más allá del velo de la forma y la separación. Esa es la realización de la unidad. Ese es el amor.
¿Qué es Dios? La Vida Una eterna bajo todas las formas de vida.
¿Qué es el amor? Sentir la presencia de esta Vida Una en lo profundo de sí mismo y de todas las criaturas.
Ser eso.
Por lo tanto, todo amor es el amor de Dios.
El amor no es selectivo, lo mismo que la luz del sol no es selectiva. No convierte a la persona en especial.
No es exclusivo. La exclusividad no es el amor de Dios sino el “amor de ego.
Sin embargo, la intensidad con la cual el verdadero amor se siente puede variar.
Puede haber una persona que refleja su amor más clara e intensamente que las demás y si esa persona siente lo mismo hacia ti, se puede decir que estás en una relación amorosa con ella o él.
El lazo que te conecta con esa persona es el mismo que te conecta con la persona que se sienta a tu lado en el autobús, o con un pájaro, un árbol, una flor.
Solo que el grado de intensidad con el cual se siente es diferente.
La comunicación es comunión, la realización de la unidad, que es amor. Habitualmente, esto se pierde de nuevo muy rápido a menos que seas capaz de permanecer suficientemente presente para mantener fuera la mente y sus patrones.
En cuanto la mente y la identificación con ella retoman, ya no eres tú mismo sino una imagen mental de ti mismo, y empiezas a representar papeles de nuevo para llenar las necesidades de tu ego. Eres una mente humana de nuevo que aparenta ser un ser humano, interactuando con otra mente, representando un drama llamado “amor”.
Aunque son posibles breves atisbos, el amor no puede florecer a menos que estés permanentemente libre de la identificación con la mente y tú presencia sea lo suficientemente intensa, o al menos poder permanecer presente como el observador.
Conocerse a sí mismo como el Ser que hay bajo el pensador, la quietud que hay bajo el ruido mental, el amor y la alegría que hay bajo el dolor, es libertad, salvación, iluminación.




Eckhart Tolle