2 sept. 2009

YA NO VERE LOS ZORZALES


Siempre esperé con ansiedad esta época, no se porque, Septiembre significa para mi alegría, vida, colores, amor.
Pero nada se comparaba con el momento tan esperado de abrir la ventana de mi dormitorio, dejar que entrara el sol, el amarillo de las flores de los plátanos de la calle, y allí, escondido entre el follaje ver y escuchar cantar a un zorzal.
Mi alma se llena de gozo cuando los miro, los escucho , junto con la calandria creo no hay pájaro que cante tan bello, es el momento de la nidificación y es el macho quién canta mientras la hembra empolla sus huevos, solo lo hacen desde Septiembre a Diciembre/Enero de cada año, muy temprano en la madrugada o al atardecer.
Sus alitas se abren cuando canta, supongo que por su propio canto y porque se paran para el lado del viento.
Si bien entiendo que ellos están para gozar de su libertad, siento un deseo profundo de ponerlo aunque sea un instante en el hueco de mi mano, observarlos de cerca, muy de cerca y acariciarle las plumitas.


Pero resulta que el avance de la modernidad, la necesidad, la masificación, el poder de los que más tienen, no sé que, justo ahí, pegado a mi ventana y a la de todos mis vecinos, en un espacio de no mucho más de diez metros de frente…, que hicieron?? Están levantando un edificio de diez pisos!!!! y…..
Y bueno, desapareció todo, la luz, el aire, el sol, los plátanos, los zorzales, la vida.
Por esa ventana ahora solo se ve una enorme pared de cemento que cubre a lo alto todo nuestro edificio

Claro, todo esto sirve para algo.
Sirve para incentivar cada vez más mi deseo de irme de esta urbe monstruosa, con un consumismo que todo lo devora, que todo lo destruye, sirve para disfrutar desde ahora el poder descansar mis oidos de los ruidos infernales que hay aquí, mi vista, harta de ver grandes edificios, millones de autos, de micros, de personas, de pobres, de indigentes pidiendo una moneda y viviendo en la calle, mientras los ricos y poderosos se pavonean en sus 4 x 4, viajando a sus country, comprando costosísimas ropas ú objetos para aparentar con cuerpos lujosos y de cirujías, para tapar en la mayoría de los casos, las miserias de sus almas .
Falta poco, solo un par de meses, pero a veces siento que ya no puedo más, que no puedo con mi hartazgo, con mi ansiedad .

Pero llegará, Córdoba nos está esperando, mi sueño se va a cumplir, Dios me lo ha dicho.

Es casi seguro que el lugar será Río Ceballos, pero cualquiera que sea, seguramente podré caminar bordeando arroyitos, escuchar el ruido del agua, sentir el viento en mi cara, ver la salida y entrada del sol, el cielo tapizado de estrellas, la luna llena y lo más deseado por mí:

Ver y oir de nuevo a mis amados zorzales colorados.


(A pesar de lo que piensa mi amigo Paco Alonso de los pájaros)
Silvia